viernes, mayo 01, 2009

De festejo
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Las circunstancias personales son obvias, el festejo muy claro, además, los motivos sobran, pero hoy, por supuesto tenía que escribir. Así, con un panorama extraño y asombroso pasará este día, con un freno y descanso agobiante, sin embargo, éste, el que escribe, es necio, cree en la sorpresa y sabe que a quienes espera ya están ahí.

En otros asuntos, sé que debo mucho, algunos textos no han llegado a este sitio, unos por decidía, otros, porque ni ellos mismo saben que existen ya. Pero los creados sin son una deuda que será saldada, desafortunadamente tendrán que pasar algunos días para que aquí aparezcan dado que se mantienen trágicamente resguardados en mi lugar de trabajo al que espero regresar a la brevedad, ya que vale decir, con la mayor de las sinceridades: la ociosidad agota.

Y esto lleva a otros caminos, al deseo de que todo gire a la normalidad. Urge ver al país de nuevo sano, y más apremia ver la ciudad abierta. Por lo pronto, esta experiencia me permite distinguir la necesidad de movimiento. En la inactividad no encuentro motivos para transformar en palabras.

Pese a todo, se que hoy tendré una tregua, no muy ambiciosa por supuesto, pero sí capaz de regalarme un trozo lleno de bienestar. Y de antemano gracias por los buenos deseos.


Texto por Carlos Alberto Ruiz
Imagen por Ian Shirley

miércoles, abril 15, 2009

El flautista de Hamelín


Dentro del círculo de la música clásica, el flautista mexicano Horacio Franco constituye una referencia no únicamente nacional, sino de carácter y presencia internacional. A través de su música, Franco ha sabido trastocar la conciencia de un público cada vez más amplio, al mismo tiempo que ha redefinido la trascendencia de su instrumento –la flauta de pico-. En un contexto ortodoxo y anquilosado, el músico ha sido capaz de integrar una propuesta total y cuestionadora por medio de una imagen poco usual en su ámbito, acompañada de la personalidad inquieta y altruista que tanto lo ha caracterizado.

Bajo tales referencias, no asombró el anuncio de que Horacio Franco incursionaría en el teatro, en una puesta en escena obvia, casi natural para su primera irrupción en ese terreno: El flautista de Hamelín. Así fue que, en una brevísima temporada de cinco funciones ocurridas entre el 9 y el 12 de abril, la Compañía Teatralnaya vistió el escenario del Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, integrando a sus filas al genial y virtuoso flautista Horacio Franco.

Basada en una adaptación del trabajo de Josephine Preston Peabody, la presentación contó la historia de Hamelín, un poblado que vive atestado de ratas hasta el día en que un misterioso flautista ofrece acabar con tal plaga a cambio de mil monedas; cerrado el trato, el forastero cumple su parte, sin embargo, la trama cobra fuerza cuando los ciudadanos de Hamelín se niegan a darle paga, ofreciendo a continuación un lío que fue capaz de llevar al espectador a la introspección para identificar las debilidades propias y colectivas.

En este marco destaca la puntual dirección de escena de Mauricio Osorio, quien fue capaz de proyectar una gran sensibilidad al construir un cuadro tan humano de gran universalidad. Vale también subrayar la habilidad de Osorio para montar el juego perfecto, en el que el actor Víctor Kruper interpretó magistralmente al flautista, a la par que Horacio Franco daba vida al alma y talento del flautista creando una dinámica precisa en la que las interpretaciones musicales de Franco construían la par perfecta a las intenciones y destreza actoral de Kruper, regalando al espectador la posibilidad de presenciar un espectáculo tan completo concebido a partir de una gran calidad.

En consecuencia, el gran regalo que resultó ser El flautista de Hamelín, se expresa como un ejercicio ambicioso de interdisciplinariedad que se reconoce con éxito, como una gran oportunidad en el sentido musical para desmitificar la rigidez de lo clásico para permitirle un mayor público; también, representa una victoria para el teatro mexicano, al permitir distinguir a partir de esta propuesta las grandes intenciones y talento de las compañías nacionales, que en el caso de Teatralnaya, demostró de sobra contar con las competencias para adoptar un recinto tan importante y hermoso como lo es el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.



Texto por Carlos Alberto Ruiz
Imagen por Alejandro Barragán

miércoles, marzo 04, 2009

Carlos Sandoval, la transmutación de lo divino.
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La expresión artística, muchas veces nutre sus posibilidades e intenciones de los aparatos sociales, que en este caso funcionan para el artista como oportunidades de riesgo, que en la resolución pueden llegar a conseguir narraciones hiperbólicas de la realidad.

Como consecuencia de esta particularidad, la historia y la práctica han vinculado de una manera muy íntima la producción artística y las bases estructurales de la religión católica, resultando en una relación tan tirante como fructuosa, en las que ambas partes finalmente alcanzan su cometido.

En este sentido, en la actualidad el trabajo de muchos creadores asienta su discurso en esta analogía, donde lo religioso refiere la interpretación del entorno. Un ejemplo de ello es la propuesta pictórica de Carlos Sandoval, quien en su precoz producción ha enfilado sus lienzos hacia un estilo que de forma apresurada va ya construyendo su individualidad.

La irrupción reciente de Sandoval en los círculos de la plástica mexicana, ha venido acompañada de una propuesta capaz de abrir curiosidades. Sus temáticas parafrasean el mundo de la moda a partir de un lazo con la divinidad. De este modo, en su serie Devotos a la Moda, se permite una reinterpretación visual de la icnografía religiosa que a manera de modernización transmuta la imagen de los hombres sagrados para adecuarlos a los cánones de belleza contemporáneos, concediendo de esta forma piezas alborotadoras que hurgan las estabilidades de la sociedades modernas, caso que repite en Virtudes, un grupo de obras cuyo origen se remite al retrato de la contraparte de los pecados capitales.

Visualmente es el retrato, en colores ocres, la base narrativa de de Carlos Sandoval, sin embargo, la presencia de textos en sus cuadros remite a la grafía como un elemento más de forma que de fondo, donde el significante cobra vida más allá de sus significado. Es decir, los mensajes son citas que el autor ha recopilado de publicaciones especializadas en la alta costura, o canciones retomadas como instrumento decorativo y no como arma de validación en su promesa, tal como sucede en su colección Chocolate.

Es así, que la mente de este joven artista mexicano asume sus primeras marchas con cierta seguridad, con la ambición que le ha permitido a ligar su siguiente proyecto con la Leyenda Dorada, el texto que reúne la hagiografía de más de 180 santos, a partir del cual Carlos Sandoval pretende una interpretación visual acorde a los patrones de la actualidad, que ya ha desprendido varios intentos que resuelven muy hábilmente su primera intención.

*Carlos Sandoval, presentará a partir del 25 de marzo su muestra La Leyenda Dorada en Casa Lamm.

Texto por Carlos Alberto Ruiz
Imagen: San Narciso (Serie La Leyenda Dorada), 2009. Acrílico sobre tela, 100 x 100 cm. Carlos Sandoval.

miércoles, febrero 04, 2009

Fragmentos
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Hasta el 18 de enero, el Museo Dolores Olmedo de la Ciudad de México, ofreció una importante muestra del trabajo del escultor michoacano Javier Marín. Bajo el nombre de Fragmentos, en los jardines y habitaciones de la antigua casa de la coleccionista, se instalaron 29 piezas escultóricas y gráficas que dieron cuenta de las visiones e impulsos que han regido el sólido e inconfundible estilo de Marín a lo largo de su trayectoria.

El mensaje de este artista plástico se instala en un sitio que flota entre el erotismo y la agonía, con su trabajo alcanza una reconstrucción de lo humano donde el bronce, la resina, e incluso la incorporación de otros elementos poco habituales como el amaranto o el tabaco, ofrecen una dirección novedosa de la estética.

Fragmentos, seduce con la línea que transforma lo perturbador, que en la búsqueda de ser pronunciado se revela altamente con voz propia. Cada uno de los gestos que destacan los rostros forjados por el artista, subrayan no sólo atributos físicos, articulan incluso, mucha de la sensibilidad de la especie humana, sembrando de esta forma una nueva lingüística de la expresión. Muy evidente en la mirada de sus rostros femeninos y masculinos, que inevitablemente ceden al desconsuelo y desesperanza inundando en diversas formas el pensamiento del espectador.

Los riesgos que encuentra la muestra en lo decorativo y monumental, multiplican las posibilidades de contacto con las obras. El perfume que viste a cada una de las esculturas es por demás evidente, lo cual permite rebasar la experiencia visual, para también atrapar la atención de otros sentidos. Y pese a lo total y demandante de la experiencia, no resulta fácil encontrar respuestas a los cuestionamientos de Marín: ¿Qué tan vasta resulta la corporalidad? ¿Qué percepción y aspecto ocupa el dolor en el infinito?

Aún así, el michoacano todavía se permite confundir más la conciencia de los visitantes incluyendo algunas leyendas en sus esculturas. Sin embargo, al final, las vacilaciones parecieran quedar cerradas, encontrando conclusiones en las son siempre el asombro y la provocación los resultados evidentes de un trabajo revelador.



Texto e imagen por Carlos Alberto Ruiz

Cabeza grande de mujer, 1995. Escultura en bronce 102 x 65 x 98 cms. Javier Marín.

lunes, enero 12, 2009

El Buen Canario
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El 2008, constituyó un marco que abrió las salas de teatro a proyectos serios, ambiciosos, de amplio presupuesto, con elencos que pocas ocasiones pueden disfrutarse en los escenarios. Así, tres títulos se distinguieron dentro de las marquesinas de la Ciudad de México: 12 Hombres en Pugna, Pájaro Negro y El Buen Canario; este último, sin duda una atrayente producción que ostentó en sus créditos la dirección escénica de John Malkovich, hecho que por sí mismo abre la curiosidad sumado al sugestivo cuadro actoral integrado por Diego Luna, Daniel Gimenez Cacho, Bruno Bichir, Irene Azuela, entre otros.

Para acercarnos a la trama de El Buen Canario bien vale subrayar a su autor, Zach Helm, el mismo hombre cuya imaginación arrojó el significativo guión cinematográfico de la cinta Stranger than Fiction. Con este dato, se alcanza a distinguir que lo que se presenta en escena apunta hacia situaciones tirantes, emocionales, englobando un mensaje muy particular con respecto a la sociedad moderna del mundo occidental.

El hilo del discurso gira alrededor de la vida del escritor Jack Parker, cuyo éxito repentino resulta tan asombroso, lleno de futuro, que lo único que pareciera ensombrecerlo son las adicciones y desequilibrios padecidos por Annie, su mujer.

De este modo, en su transcurso, El Buen Canario da tiempo para los afectos, la furia, y la trasmutación psíquica. Por supuesto, todo representado con la mayor habilidad, exhibiendo lo aventajado que resulta Malkovich al explotar el carácter y la habilidad actoral de la que son capaces sus ejecutantes, que más allá de la fama acumulada a lo largo de sus trayectorias individuales, dan cuenta de un talento destacado, insistiendo de modo muy personal, en la participación de Daniel Gimenez Cacho, un hombre al que bien le viste su papel de Charlie, un editor literario visionario, dotado de un acido sentido del humor.

A la par, el trabajo de producción también se distingue, integrando decorados audaces que se solventan de proyecciones que otorgan al escenario de un encanto muy particular que lo asemeja más a una instalación de arte contemporáneo. En este sentido, el clima emotivo y físico que regalan cada uno de los actos logra envolver con gran impacto.

Sería de pésimo gusto puntualizar los momentos que componen la obra, sin embargo, sí puede referirse la experiencia particular a la que mueven sus diálogos, compartiendo la intensidad y nostalgia con la que se camina por la historia, que al final, deja la sensación de avidez por mirar en este 2009 la cartelera invadida de trabajos igual de capaces.



Por Carlos Alberto Ruiz

miércoles, diciembre 31, 2008

Día final del 2008

Cuando mucho hay por agradecer las voces y las emociones se aglutinan intentando escapar para encontrarse con el destino que las provocó; las intenciones de gratitud se abren para manifestarse no dejando escapar aquello que se reconoce. Personalmente desconozco el balance de mis actos, prefiero ignorar la balanza de lo bueno y lo malo, sin embargo, hoy si alcanzo a distinguir un gran motivo por agradecer mi vida en este tiempo y espacio.

Pues, sirva esta brevedad y mensaje para esperar la mejor de las cotidianidades para el 2009, por supuesto, con la compañía y oportunidad para compartirla, deseando que la felicidad los alcance a todos. Gracias por visitar este espacio.


Por Carlos Alberto Ruiz

viernes, diciembre 26, 2008

Virsky, el espíritu de Ucrania.
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Tras una gran demora que no la justifica nada, abro el espacio para comentar un gran espectáculo dancístico que se presentó durante el último fin de semana de noviembre en la Ciudad de México, se trata de Virsky, a cargo de la Compañía Nacional de Danza Ucraniana. El número, compuesto por quince piezas, recoge una mezcla de danzas tradicionales combinadas con ciertos aspectos del ballet clásico, a los que se incorpora la magia y acrobacias de más de cien bailarines en el escenario engalanados con un vestuario de más de tres mil piezas típicas.

Acompañado por una estupenda orquesta, Virsky ofrece grandes postales multicolores de las regiones ucranianas, que por sí mismas entregan amplias miradas hacia lo más íntimo de su sociedad y sus prácticas. Las danzas, en gran parte resueltas con giros, piruetas y mucha acrobacia, son capaces de alcanzar una armonía y uniformidad que entrega abanicos coloridos en escena, ostentando una sincronía perfecta.

A la distancia, aún me provoca inquietud el recuerdo de la ejecución de Povzunets, una danza cómica típica de los Cosacos, que en pocas líneas puede definirse como un derroche de habilidades y precisión técnica absoluta aderezada con voces de entusiasmo. Es extraño, pero tal júbilo que integran los bailes ucranianos, conforman un elemento mágico, difícil de pasar por alto, además de adictivo y contagioso. Sin embargo, la delicadeza también encuentra su sitio en este espectáculo, muestra de ello es Los Diseños de Volynsk, acto conformado por un grupo femenino, que ataviado con trajes majestosos interpreta un pomposo modelo de movimientos delicados a la vez de conmovedores.

A diferencia de lo que sucede en un concierto, en la danza no es común la aparición del encore al terminar la muestra, pero muy afortunadamente, la Compañía Nacional de Danza Ucraniana se lo permitió y de qué manera. Al cierre, tras los aplausos, rebozos y sombreros de charro llegaron al escenario, al tiempo que los bailarines ejecutaban el jarabe tapatío mientras un poco nutrido público en el Auditoria Nacional de la Ciudad de México se estremecía de euforia y agradecimiento por tan hermoso regalo. El mirar a los integrantes de Virsky ejecutando el baile jalisciense, aumenta la admiración que ya desde siempre es grande por las danzas nacionales, mas la insospechada posibilidad de que aquello sucediera fue capaz de entregarnos a una asombrosa vulnerabilidad.

Y ya en un camino todavía más personal, cabe otra revelación, la calidad de la compañía con la que compartí tal experiencia. Hacia tiempo que mi asistencia a la danza venia dándose en circunstancias distintas, pero esta vez, tuve el privilegio de la complicidad, lo cual engrandece la experiencia dado que permite la connivencia y la promesa de charlas infinitas, ofreciendo la posibilidad de traer de vuelta los impresionantes saltos ucranianos para comentarlos una y otra vez con la oportunidad de regresar a la exaltación para encontrar en la mirada del otro el entusiasmo propio.
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Por Carlos Alberto Ruiz

viernes, octubre 31, 2008

Octubre

Comúnmente, los actos y experiencias se acumulan de algún modo delineando la personalidad, definiendo en gran medida nuestra percepción del futuro y del presente. Así, los éxitos abren la ventana del optimismo en la medida que el fracaso inunda de temor y orilla al aislamiento. Sin embargo, la vida exige nuestra integración y acción, siendo éste el único modo que permite saltar de un estado a otro.

Desde un principio, el tema de la transformación ha sido una constante en los textos que aquí se han compartido, y la explicación más lógica que encuentro al respecto apunta hacia cierta debilidad por lo novedoso y la necesidad de integrarme a entornos distintos que me acojan y me exijan.

De tal modo, el cambio de octubre es medular, dado que viene a otorgar sentido a la vez que promete resolver dudas que insistían desde el pasado, e incluso, salda muchos aspectos de innecesaria individualidad.

Al respecto, las expectativas se abren y se alcanza a identificar el pasado propio como una vida fragmentada que no se llega reconocer por completo, señalando hacia un sitio donde los riesgos reconstruyen el significado de la vida y redireccionan las peticiones que se le habían hecho al destino.

Finalmente, las experiencias nos convierten en individuos más ambiciosos, de indagaciones inalcanzables y caprichosas, sin embargo, cuando lo buscado existe, y no sólo eso, se revela frente a nosotros, la emoción arrebata con gran avidez por sentir y ser sentidos, las manos se llenan de fuerza para empapar de poesía los muros y la vida se alista para saltar a su precipicio. Es ahí, cuando llega el tiempo donde los ciclos se cumplen y las posibilidades aparecen.


Por Carlos Alberto Ruiz

lunes, septiembre 22, 2008

Palabras de segundo aniversario

Los últimos meses sostuve una desgastante batalla contra la antigua plantilla de este blog, que debido a una falla desconocida jugaba la mala broma de ocultar las entradas y sus textos.

Tras la victoria de la tecnología, que jamás me permitió reparar los daños, resultó cierto deterioro de mi relación con este espacio, soy sincero, el desánimo me absorbía al imaginar qué sentido tenía escribir textos que definitivamente no se mostraban en el monitor y por tanto no podían ser leídos.

Tal escenario me planteó el compromiso inmediato de buscar una nueva plantilla, la cual no únicamente significara un paliativo para los problemas experimentados, sino que también me pareciera atractiva y visualmente compatible con lo que aquí se comparte.

Después de largas horas de paciencia y navegación apareció el esquema que ahora se ve en pantalla. Sin embargo, la ruptura con el anterior trajo consigo otras inquietudes que trazaron nuevos planteamientos de congruencia y legitimidad, en los que encuentro distintas razones por las cuales este espacio ya no puede identificarse con su título anterior.

En este pensamiento, en el que no entiendo qué tanto el tiempo puede hacer madurar pero sí cuánto transforma, distingo cambios personales y de contexto desde aquel septiembre del 2006 cuando abrió, lo que exige como consecuencia lógica una transformación que mantiene la esencia, mas asume a través del cambio el paso del tiempo.

A propósito del nuevo titulo, Primera Palabra, vale decir a modo de justificación que alude a la instigación, a distinguir cada texto aquí presentado como un estimulo que pueda provocar acciones, reflexiones y muchas otras opiniones. Es decir, asumir a cada post como la Primera Palabra de “algo” que continuara algún visitante.

Y qué mejor manera de inaugurar la nueva plantilla y nombre que la coincidente fecha con el segundo aniversario, para de este modo agradecer las lecturas y comentarios de este sitio en el que todos siempre serán bienvenidos.

Por Carlos Alberto Ruiz